Técnica


secuencia

Durante el aprendizaje de una nueva técnica se dan situaciones en las que nos sentimos raros, diferentes, torpes… con nuestro cuerpo, y con la práctica conseguimos superarnos adquiriendo un grado de satisfacción que nos motiva para seguir progresando al mismo tiempo que notamos mejoras a nivel corporal y fisiológico.
Todos los elementos técnicos debemos integrarlos a la hora de desplazarnos, es decir, están presentes en cada paso que damos. La coordinación es clave a la hora de caminar con los bastones de MN.
La ejecución de cada elemento constituyente de esta técnica nos facilita un trabajo consciente sobre las distintas partes del cuerpo y sus respectivos beneficios para la salud.

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Partes de la técnica Alfa:
– Andar erguido; ejercita la musculatura estabilizadora de la cintura pélvica y de la cintura escapular, mejorando la postura y el equilibrio muscular (el desequilibrio muscular es una de las principales causas de los dolores musculares de la espalda). En este sentido comparte principios o conceptos de Pilates (control, precisión, fluidez, estabilizar para poder mover).
– Largo de brazos; activa la circulación sistémica mejorando el retorno venoso en las extremidades superiores, evitando la aparición del típico “hormigueo” en la punta de los dedos de las manos o hinchazón durante la caminata convencional. Al mismo tiempo que nos obliga realizar un ligero giro de rotación del eje de los hombros sobre el eje de la pelvis, movilizando la musculatura vertebral, ejerciendo una ligera comprensión-descomprensión sobre los discos intervertebrales con el beneficio de que reciben mayor vascularización (mejora la lubricación, drenaje y aportación de nutrientes mejorando la salud de la columna vertebral).
– Formando un triángulo; se refiere al ángulo que deben formar los bastones con respecto a las piernas y el suelo. Repartición del peso en cuatro puntos de apoyo, por lo que el tren superior también recibe carga estimulando la estructura músculoesquelética (interesante para patologías como osteoporosis, con la ventaja de que no existe impacto), mejora el equilibrio y la coordinación (rebajando las probabilidades de sufrir caídas) y nos garantiza una fase de transición fluida.
– Adecuar el paso; como consecuencia de todo lo anterior se produce una fase de pisada más activa desde la fase de recepción hasta la fase de impulso, mejorando el retorno venoso de la sangre y la musculatura estabilizadora de la cadera, rodilla y tobillo (retrasando la aparición de patologías articulares del tren inferior).

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